Stieg Larsson...y fin.

Bueno, ya he terminado de leer la tercera parte de Millennium. Diría que es correcta, como un largo epílogo de la segunda, pues básicamente trata de las consecuencias de todo lo acontecido en ésta.  Tampoco aquí voy a desvelar nada de su contenido.

Por criticar, que es lo más sencillo, creo que es demasiado repetitivo en la narración de los hechos, vuelve una y otra vez a explicar cosas que ya aparecieron en la segunda parte como queriendo conseguir que se pueda leer esta novela sin haber leído la anterior, y eso es imposible si te quieres enterar bien de toda la trama. Así que lo dicho, pienso que se enrolla un poco más de lo debido.

Supongo que es de obligada lectura para todos los que terminan la segunda parte, para saber (o quizá debería decir confirmar) el desenlace de toda la historia. Aquí el verdadero protagonista sí es Mikael Blomkvist, pero no logra tener la fuerza que el personaje de Lisbeth tiene en la segunda parte. 

Mientras iba leyendo esta última parte, más claro me quedaba la fantasiosa vida que hubiera deseado Stieg Larsson (no sé si la tuvo así), representado a sí mismo en el personaje de Blomkvist. En esta parte más que en ninguna otra, uno se da cuenta de que para Larsson sólo había un hombre y un grupo de mujeres nada corrientes. Él, un intrépido periodista que intenta destapar las miserias e injusticias del sistema, con un indiscutible éxito entre las mujeres y una máquina de placer en la cama. Ellas, mujeres de cualquier edad y condición, pero siempre especiales; bien porque son hermosas, inteligentes, fascinantes o rebeldes, cuando no todo a la vez. Pues eso, las fantasías de Larsson.

Y lo que también me resulta un poco extraño es el casi desmedido interés de Larsson por todo lo que rodea a la mujer, en especial con su maltrato, su papel en la sociedad actual y en la historia. Cada una de las partes en que divide sus novelas (la primera y tercera) comienza con una introducción donde da datos estadísticos o reseñas históricas al respecto. Y siempre habla bien o con tono condescendiente de todas las que aparecen en la trilogía. Sólo recuerdo un caso, en la primera parte de Millennium, en que habla mal de una mujer. En cambio, a la mayoría de los hombres los pone a parir, excepto a Mikael, claro; en este caso, hasta los pequeños defectos le hacen más atractivo ante las mujeres. Hombre=Mal. Mujer=Bien

Resumiendo, hay que leerse la trilogía entera. Es entretenida y fácil de leer.

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