Garmo Negro 21/03/2009

Salgo del refugio a las 08:30 con los esquís en la mochila sabiendo que me queda un duro repecho por subir antes de calzármelos. Veo un grupo de 4 por delante de mí que comienza a adentrarse en el bosque.

Comienza el porteo hasta la Mallata Baja

La subida es un poco incómoda, alternando trozos de tierra, roca y nieve (con huellas profundas), y continuos enganchones de las tablas con las ramas de los árboles. 200 m más arriba y 35 minutos después, llego a la Mallata Baja donde me junto con el cuarteto vasco que iba por delante de mí y que ya se han calzado los esquís. Hago lo propio, me pongo un poco de crema en el cuello, pues iba a llevar el sol de espalda, y comienzo a foquear.

Así se ve el Garmo Negro desde la Mallata Baja.

El terreno es amplio y, excepto por una barrera de árboles que hay que atravesar, es diáfano y te permite una traza "a la carta": que tienes fuerzas, subes directo; que te lo quieres tomar con calma, haces más diagonales. Sobre los 2.220m se llega a la Mallata Alta, y puedo ver como una pareja asciende con crampones por el tubo formado en el barranco. Por un instante, tengo la tentación de ir por allí, pero al final decido no hacer cosas raras.

Una bonita ruta para subir

Hace muy buen día, no sopla el viento y se puede ir sólo con una térmica. La nieve está dura como para no marcar mucha huella pero agarra muy bien. La traza hace un marcado giro hacia la izquierda, que se mantiene hasta la cota 2.550m, donde vuelve a girar a la derecha y se encamina inexorablemente hacia el collado. En esta gran diagonal, las huellas de los esquís y los crampones se confunden, haciendo muy incómodo el foqueo, por lo que me salgo de la huella y la sigo un poco más arriba. Para entonces, hacía rato que había adelantado a los 4 vascos, pero otro subía andando, más directo, y me iba alcanzando.

Delante de mí veo un trío que está llegando al falso collado cuando siento una fría y fuerte ráfaga de viento que me obliga a pararme. En ese instante, se me aparece un angelito en mi hombro derecho y un diablillo en el izquierdo. Ésta es la conversación que mantienen:
D: Joder, qué frío, vámonos de aquí.
A: ¡Qué dices! Si sólo ha sido una racha.
D: De eso nada. Fíjate cómo sopla allá arriba. Bajémonos, ¿qué necesidad tienes de sufrir?
A: ¿Sufrir? Anda que no te has visto envuelto en peores condiciones. Además, te gusta, reconócelo.
D: Eso era en otras condiciones y con gente. Aquí vas solo y nadie se va a enterar.
A: No me seas gallinita. Abrígate un poco y sigue subiendo, que merecerá la pena.

Llegando al falso collado

Despejada la duda, además de abrigarme, me pongo el casco pues la nieve está más dura y la pendiente es más pronunciada. Llego al falso collado (2.840m, 11:35) donde hay un depósito de esquís de la gente que ha subido la pala final con crampones. El trío de delante es una pareja con esquís, que se ha puesto los crampones, y un "tablero".

La nieve de la pala final (200m de desnivel), está bastante dura, aunque veo huella de subida con esquís. Decido no poner cuchillas, aun a sabiendas de que me va a costar más que si las usara o me pusiera crampones. Me da igual, no tengo prisa. De hecho, el sentirla tan dura (la nieve) hace que me lo tome con más tranquilidad, con la esperanza de que le dé tiempo a que se reblandezca un poco a la hora de bajar. Una pareja baja esquiando y uno de ellos me comenta que el otro ha subido con esquís, pero con cuchillas. Como se me hacía complicado seguir la huella sin cuchillas, por tener mucha pendiente, decido seguir mi propia traza, más suave.

Llegando a la cima

Por fin, a las 12:25, llego a la cima, donde me junto con Santi y Cristina. (Es a la hora de escribir esto cuando me doy cuenta de que me costó 50 minutos subir esos 200m) Al poco rato, llegan los vascos, que me habían alcanzado en la pala final.

Los Infiernos

La cresta de Argualas

En la cima también se encontraba el "tablero", que era de Madrid e iba solo, y comentamos de bajar los 4 juntos. El primer tramo de la bajada está bastante duro.

El "tablero" asegurándose con el piolet.

Al llegar al falso collado, la nieve está un poco mejor. Según se va bajando, va mejorando, pero llega un momento que la nieve está demasiado pesada y se engancha con facilidad. Es ahí cuando Cristina se cae y se hace daño en una rodilla, aunque no le impide continuar.

Curiosamente, tras pasar esa zona intermedia, la nieve mejora, se pone más blanda pero más suelta. Se asemeja a pasar un cuchillo caliente sobre mantequilla. Llegando al final, sigo unas huellas diferentes y me meto en una pequeña embarcada. Me quito los esquís para salir del paso y me reúno con el resto que ya se había colocado los esquís en la mochila para bajar hasta el refugio.

Este porteo es más cómodo porque es de bajada pero, al tener tanta pendiente, las colas de los esquís pegan continuamente por detrás en la nieve, y hay que tener cuidado para no desequilibrarse.

Porteo de bajada

Llegamos al refugio a las 14:20.

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